jueves, 15 de junio de 2017

Que piensan los rusos de Putin?



Vladímir Vladimírovich Putin nace el 7 de octubre de 1952 en Leningrado, hoy San Petersburgo. Es el hijo único de un inválido de guerra que fue condecorado por su actuación en la defensa de Leningrado contra el Ejército alemán durante la Segunda Guerra Mundial. En 1970 se matricula en Derecho en la Universidad Estatal de Leningrado, donde da clases con el que sería alcalde de la ciudad, Anatoli Sobchak. Nada más licenciarse, en 1975, empieza a trabajar en la Dirección de la inteligencia exterior del Comité de Seguridad del Estado (KGB) en la URSS. En 1991 deja la KGB, donde había alcanzado el rango de teniente general. 

Tras 16 años como espía en Alemania, y después de ver caer el Muro de Berlín y desmoronarse la URSS, vuelve a su ciudad natal. Allí, convertido ya en padre de dos hijas, María (1985) y Katerina (1986), fruto de su matrimonio con la profesora de escuela Liudmila Pútina, da el salto a la política. Comienza a trabajar en el ayuntamiento en el periodo en el que es alcalde Sobchak, considerado muy liberal y con una enorme popularidad. 

Cuando Sobchak, que había caído en el descrédito entre escándalos de corrupción y acusaciones de mala gestión, pierde las elecciones municipales de 1996 ante el candidato unitario de la oposición democrática, Vladímir Yakovlev, Putin termina también su trabajo como edil y se traslada a Moscú. No obstante, sigue fiel al hombre -fallecido en febrero de 2000- que le ha abierto las puertas de la política, ayudándole durante su estancia en Francia para recibir tratamiento médico y para resguardarse del acoso judicial por los presuntos delitos de abuso de poder y malversación. 

Putin llega al Kremlin de la mano de un nuevo círculo de amistades que incluye a personajes conocidos en Rusia como "oligarcas" o "jóvenes reformistas", protagonistas del vertiginoso salto a la economía de mercado. En 1999 se perfila como el hombre más indicado para combatir a la coalición Nuestra Patria-Toda Rusia y para eliminar al otro rival electoral de importancia, el partido comunista. Los pronósticos se cumplen y el 19 de diciembre de 1999, gana las elecciones legislativas. Unos días después, Boris Yeltsin presenta su dimisión como presidente de Rusia durante el discurso de fin de año a la Nación, y Putin, nombrado por el presidente dimisionario como su favorito para la sucesión, asume en funciones la jefatura del Estado y las Fuerzas Armadas. 

El nuevo presidente de Rusia afirmó el mismo día de su nombramiento delante de las cámaras de la televisión rusa que "ni por un minuto en el país ha habido ni habrá un vacío de poder y las autoridades cortarán de raíz cualquier intento de quebrantar la legislación y la Constitución de Rusia". En marzo de 2000 ve legitimado su poder en las urnas. 

Visita por primera vez capitales occidentales en el 2000. Putin pasa por Londres, Roma -donde además es recibido en audiencia por el Papa en el Vaticano-, Madrid, Berlín y Tokio. El 25 de enero de ese mismo año celebra en Moscú su primera cumbre con los jefes de Estado de la Comunidad del Estados Independientes (CEI), organización que congrega a doce repúblicas ex soviéticas. 

En 2004 es elegido para un segundo mandato de cuatro años como presidente de Rusia, gracias a una victoria rotunda en las elecciones de marzo. Pronuncia el juramento con la mano derecha sobre un singular ejemplar de la Constitución que, junto al estandarte y la Orden al Mérito de Primer Grado, constituyen los símbolos del poder presidencial ruso. 

El secuestro de una escuela en la ciudad noroseta de Beslán acaba con la muerte de 333 personas y da la vuelta al mundo en septiembre de 2004, siendo considerada por muchos analistas como una golpe a su confianza pública. Putin decide entonces destituir al ministro del Interior de Osetia del Norte, Kazbek Dzantiev, y al responsable de seguridad de la región, Valeri Andreïev. Ese mismo mes es designado presidente de la CEI en la cumbre celebrada en Kazajistán. 

Vladimir Putin ha prometido a los rusos transformar la estabilidad en prosperidad. Para ello se ha mostrado abiertamente a favor de reformas económicas liberales -algunas de las cuales, según él mismo ha advertido, pueden resultar impopulares-, aunque, ante todo, afirma que su máximo compromiso tiene que ver con la defensa de los principios democráticos y el reforzamiento de la libertad de expresión, una cuestión nada pasajera en una país donde el Kremlin mantiene todavía un firme control sobre los medios de comunicación, los partidos políticos y judiciales, y las empresas. 

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